Para iniciar este artículo, podríamos hacernos la siguiente interrogante: ¿Cuántos amigos tengo? Es una pregunta algo sencilla, también es inquietante, pero quizás no la respondemos muy a menudo, porque son pocas las veces que nos ponemos a pensar en esto.

Para dar respuesta, podemos pensar en cantidades, en algunos nombres, en algunas caras, o también abrimos nuestras redes sociales, y revisar cuantos seguidores o amigos tengo en ellas. Poco estoy seguro, que algunos también haciendo un stop, se detuvieron a pensar realmente quienes son aquellas personas que están en nuestro entorno y con total confianza podemos llamar con total firmeza un amigo.

¿Cómo puedo saber quién es mi amigo y ahorrar esa amistad?

Desde pequeños, en nuestros hogares nos suelen advertir que sepamos descubrir cuáles son las mejores amistades, aquellos que sean de provecho para la preparación académica, las que puedan compartir el gusto de realizar las tareas escolares, algunas asignaciones de investigación, entre otras.

Existen padres de familia, que también dicen a sus hijos que pueden encontrar amistades para realizar alguna actividad recreativa, como puede ser: practicar alguna disciplina deportiva, tocar algún instrumento musical, el gusto por la lectura, pasear por el parque, visitar algún lugar histórico – cultural, entre tantas otras que podemos hacer con quienes consideramos amigos.

Crecer, sabiendo ahorrar las amistades.

Sin darnos cuenta vamos creciendo, tanto en edad como en estatura y empiezan a cambiar algunos gustos, para nuestra suerte hay algunas amistades de la infancia que sin importar los tantos cambios que se experimentan por la naturaleza propia de la vida,  siguen permaneciendo de manera fiel e incondicional, ya aquí es momento de ir diciendo que el ahorro de amistad es evidente y se puede hacer, así como demostrarlo.

Aunque en ese paso de trayecto de niños a jóvenes también conocemos a otros más que podemos ir añadiendo a la lista de esos compañeros de camino que vamos cosechando, que tenemos que cuidar y por supuesto atesorarlos para contar con ellos en toda situación y en todo momento.

Transmitir este esquema.

Si de algo nos ha servido coleccionar a como llamamos de otra manera, ahorrar amistades, ¿por qué no transmitirle esta práctica a los demás? Es que podemos dar a conocer que somos creyentes en la posibilidad de tener grandes amistades, que lo que cuesta tenerlas es solamente el poder compartir con ellas.

Cuando comunicamos estas experiencias de poseer buenos amigos, hacemos como el que hace una buena receta de cocina y se la da a alguien más para que la realice, y así sucesivamente vamos esparciendo para lo que estamos hablando, la receta del ahorro de la amistad.

Recordar es bueno.

Recuerdo en una clase universitaria a un profesor que hablaba del “capital social”, en aquel momento fui algo indiferente a la idea que exponía, pero por alguna razón, se quedó grabada en mi mente aquella terminología, que hoy al escribir estas líneas las traigo como parte de lo que me gustaría transmitir, ya que podemos hablar, no de capital económico o social, como expresaba un profesor, sino de ver cómo podemos tener amistades verdaderas.

Si nos damos cuenta, que no lo valoramos, entonces es momento de retomarlo para que no se quede estancado; si lo hemos mantenido, seguimos dándole valor como se merece, ya que un ahorro de dicho capital siempre nos será útil a futuro.

Conservar nuestras amistades, será garantía de felicidad.

Cuidemos nuestras buenas amistades de los vicios que nos provoca la sociedad tecnológica que nos rodea, donde quizás es evidente que el uso de la palabra “amigos” o “seguidores”, las confundamos debido al uso que tienen de ellas las redes sociales, que están a la vanguardia de la tecnología, que sean estas herramientas más bien, un lugar que nos ayude a cultivar ese capital amistoso, que podamos saber cómo va nuestro ahorro, al momento de interconectarnos con nuestras amistades a través de la web.

Podríamos utilizar las redes sociales como una especie de entidad bancaria que respalda nuestros ahorros.

A tener en cuenta…

Tengamos en cuenta una idea que se encuentra plasmada en las líneas un libro de la Biblia Católica, quien ha encontrado un amigo, ha encontrado un tesoro; que sepamos valorar la amistad, ya que como dice la frase de la sabiduría popular: “los amigos, son la familia que uno elige”, que no sólo pensar en elegir amistades para jactarnos de ellas, sino que a quienes llamamos amigos, sea porque existe una fuerte conexión que nos lleve a poner en práctica por el otro, la necesidad de cuidarlo, tanto como cuidamos lo que más nos importe en la vida. Hagamos valer el título de este artículo: “un amigo, es un tesoro”.